sábado, 17 de octubre de 2009

Dignidad se impone a insignias y dinero


MANUEL AZCONA
azcona96@hotmail.com

SANTO DOMINGO, Rep. Dominicana.-El poder de las insignias que por largos años han estado de espalda a las mejores causas del pueblo y de frente al servicio de capos, el crimen organizado y la violencia, no han podido doblegar la dignidad de un humilde campechano alcalde pedáneo de la apartada e inolvidada comunidad de Sabana de la Cruz, en Guayubín, provincia Monte Cristi, distante a más de 300 kilómetros al noroeste de República Dominicana. La dignidad del alcalde pedáneo, Lino Socio Morel González, es tan inmensurable que ha exclamó que entregaba el dinero porque “quiero morir en paz con Dios”.


Lino Socio Morel González, quien frente a un despliegue de insignias, rangos y miembros del sistema judicial, blandiendo en sus manos una manilla de cinco mil pesos entregados por un coronel policial de apellido Lebrón y el capitán de puesto de Villa Vásquez, en nombre del jefe de la Policía, Rafael Guillermo Guzmán Fermín, relató a la comisión que investiga la muerte de los raptores del joven Eduardo Baldera Gómez, que entregaron sanos y con vida a Cecilio Díaz a miembros de la Marina de Guerra y esta a su vez a la policía local.

Lino Socio Morel González asegura que los cinco mil pesos le entregaron debía ser repartido entre los hombres de la comunidad que participaron en la captura de Cecilo Díaz.

Sin embargo, antes del inicio de la designación de la comisión investigadora sobre los intercambios de disparos entre policías y secuestradores, la intuición popular del dominicano, tras accesar a una encuesta de la edición digital del periódico El Nacional, con solo un clic, ha definido el desenlace del secuestro, como algo incrédulo, por no decir, suspicaz y sospechoso.

El poder de la insignias se remonta desde la tenebrosa era de Trujillo hasta nuestros días, de cuya situación es culpable el Poder Legislativo, senadores y diputados, quienes por clientelismo político y apañamiento de la cúpula policial, fueron incapaces de darle al pueblo una Policía Civil, borrando las insignias en la que hoy se escudan una caterva de generales sin tropas que desmedran el erario público y amasan grandes fortunas que no pueden justificar.

El poder de las insignias son utilizadas por perversos miembros de la Marina de Guerra, que con su blanco uniforme, han sido protectores y custodios de embarcaciones usadas por carteles del narcotráfico, en la matanza de los siete colombiano en Paya, Baní, de donde cargaron con drogas y dinero que nunca han aparecido, ni en los centros espiritistas.

El Poder de las insignias también bailaron el son a ritmo del ex capitán del Ejército Nacional, Ernesto Paulino Castillo (Quirino), quien es procesado en una Corte de Justicia de los Estados Unidos bajo cargos de tráfico de drogas.
Además, el poder de las insignias pretende imponer en el país la peligrosa cultura de ascender y repartir dinero a diestra y siniestra a los agentes bajo su mando, cuando resuelven cualquier caso con “lluvias de balas”, cuando en realidad lo correcto seria aumentar el salario a policías y militares para que de forma digna y decorosa puedan hacer un trabajo serio y adecuado que permita a los tribunales establecer la penalidad a los infractores de la leyes.

De continuar el derrotero que lleva el jefe de la Policía Nacional, ningún ciudadano perseguido por la institución llegará vivo ante los tribunales de la República, pues sus persecutores aplicaran la Ley del gatillo alegre, a fin de cobrar su recompensa en metálico y ascenso.

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